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    Se acercaba la mañana, y Gengis se fue con tiempo para "picar" algo.

    - Ahora que eres uno de los nuestros, debes tener algunas cosas claras, al menos si quieres llegar vivo a mañana : las cruces, el ajo, el agüa, los "lugares sagrados", y toda esa mierda en general, te la pelan, aunque he oido que a algunos tipos raros les afectan, pero supongo que será algo psicológico, y también hay líneas de sangre con debilidades tan raras como sus poderes. El caso es que te quede claro que el fuego quema y hace heridas difíciles de curar, que la exposición directa a la luz del sol nos destruye en cuestión de segundos, que podemos regenerar casi cualquier herida, excepto que nos corten la cabeza, y que las estacas no nos destruyen, pero si aciertan en el corazón nos paralizan. Y con esto ya sabes lo mas importante, así que me abro para la caja. Y puedes pasar el día en una cama si quieres.

    Me fui a casa, y atranqué puertas y ventanas mientras el amanecer se me echaba encima y un sopor pesado como el sueño de las rocas me llegaba como una inundación. Como pude, me metí en la cama. Mi último pensamiento consciente fue pensar qué le iba a decir a mi madre. O a mi novia. O al imbécil de mi agente. O al padre O´Connelly...

    Y luego vinieron los sueños, como a través de estratos de piedra, arena y tiempo, y caí, desde la altura de siglos, a las vacías calles de la Ciudad Dorada, iluminada por la suave, gentíl luz de un crepúsculo sin sol, detenido en el inmenso cielo vestido con nubes rojizas, alargadas, y pase un tiempo que no puede medirse buscando a alguien, buscando a quien me diría el nombre de la Ciudad, el nombre que se había convertido en la medida de todas las cosas.

    Y desperté por fin, desgarrado por la ausencia, herido de niebla y tiempo, con el ansia feroz de algo inexpresable, con el vago recuerdo de un lamento viejo como el mundo. Pero no tuve mucho tiempo para hacer preguntas, por que alguien empezó a llamar a la puerta con descortés insistencia. Me había acostado vestido como estaba, y con esa guisa abrí para encontrarme con dos enormes gorilas malencarados, que me miraban desde arriba con esa estudiada indiferencia mezclada con desprecio que es la marca de un verdadero profesional.

    - Ian Blackwood ( y no era una pregunta ). El Príncipe Lodin requiere tu presencia. Ahora.

    Me cogieron como a un pelele y, pese a que hice unos breves intentos por soltarme empleando en ello mi recién adquirida fuerza, fue como intentar mover el edificio Chrisler. Tras bajar, o rodar por las escaleras, fui introducido en un coche donde me esperaban dos siameses de los anteriores.

    - Por favor, no haga ningún esfuerzo por resistirse, - dijo con voz pétrea una de las rocas del coche - , tenemos órdenes de llevarle a presencia del Príncipe "en estado consciente, pero no necesariamente con todas sus partes", y eso sería muy desagradable para todos. Coopere y nadie tendra que lamentarlo.

    Aún no sé como, pero salté en marcha.

    Empecé a correr, con tanta adrenalina en las venas que hasta los perros aullaban al olerme, agarrando fuertemente la cosa blanda y alargada con la que había aporreado a uno de los tipos del coche. La noche, un éxtasis de luces de neón, olores nunca percibidos, leves ruidos que se desataban como truenos, se extendía ante mi como un tapiz demasiado complejo, como una cosa viva, pulsante. Paré por fin, en la penunbra de un callejón mal iluminado, lleno de los olores mas detestables y me esforcé por controlar mi pulso, y esa cosa dentro de mi cabeza que hacía que los colores y los ruidos más insignificantes asaltasen mi cerebro como una dosis masiva, y en cualquier otro organismo, mortal, de alucinógenos.

    Serené el corazón al menos siete segundos seguidos, el tiempo que tardé en darme cuenta de que lo que llevaba en la mano era el brazo, con una pistola enorme aún empuñada y empapada en sangre, de uno de los chicos del llamado Prince. Fue un grito estupendo el que lancé entonces, lo bastante bueno como para el mejor de mis conciertos, un berrido que trasmitía una carga emocional, unos niveles de sonido por encima y por debajo de lo razonablemente humano, que para aquellos de la Sangre que tienen ojos y oídos fue como si escribiera en el cielo, con letras naranjas sobre verde : "¡ Ian está aquí ¡".

    Y, por supuesto, se acercaron a ver que pasaba.

    Con un chirrido que se me antojó de lo más siniestro y antes de que hubiera tenido tiempo de recuperarme, la alcantarilla cercana abrió su boca humeante para dar paso a un elegante caballero, según los modos y maneras de principios de siglo, con un enloquecido parecido con el Conejo de Pascua, y una expresión entre distante y divertida que no me tranquilizó ni un poquito.

    -Así que eres tú.

    -¿Yo?

    -Tú, el renegado y avieso felón que ha irritado sobremanera a nuestro bienamado Principe, a quien Dios guarde muchos años, a ser posible en otro continente. Y me pregunto, mi querido señor, si sois consciente de que media ciudad os persigue.

    -¿Qué...?

    -La Caza, compadre. Ese divertido y ameno evento social que consiste en soltar a un Pariente, a menudo alguien que fue amigo, hermano o amante, y ver si consigue abandonar la ciudad antes de que la siempre hambrienta población de los Caidos de su Gracia, población usualmente formada por amigos y vecinos, salgan a la calle con el glorioso pensamiento de hacer chuletas con el omenajeado. O sea, devorarlo, para mayor gloria de nuestro amado Señor.

    - ¿Qué... ?

    Fui llevado ante Lodin, Damien me dijo que tenía que hacer y decir si, textualmente, "quería conservar la cabeza sobre los hombros". Al parecer, el problema estaba en que mi reacción había sido un poco "irregular" y no tenía un "sire", o chulo oficial que se ocupara de mi educación. Además, la sociedad vampírica, al parecer no ha pasado de los tiempos del feudalismo: la voluntad del príncipe es ley. O sea, que si el tío quería, podía ponerme a asar a fuego lento. O a cualquier otro tipo de fuego. Más o menos.

    Cuando llegué al lugar de la reunión, había otro de la estirpe allí. Un tío imponente, Critias, el Brujah más anciano de Chicago, y un tipejo con aspecto ruin, Baltazar, del cual me habían dicho que era un renegado de nuestro clan, la mano izquierda (la de las sombras) del príncipe Lodin, el cual era, por cierto, impresionante, como se supone que debe de ser un príncipe. Pronto quedó claro la reunión era mero formalismo ya que las decisiones sobre mí ya habían sido tomadas: Critias se encargaría de mi educación, y así lo hizo. Enseguida supe lo que necesitaba sobre la estirpe, nuestros poderes, clanes, costumbres, leyes, historia... todo eso, y algunas cosas más sobre nuestro propio clan: los Brujah somos "vampiros de batalla", nuestros poderes parecen estar encaminados a la lucha de forma mucho más clara que en otros clanes. Asimismo, somos superiores en un mero, ya que somos los más propensos a crear progenie, con o sin la autorización de los príncipes. Me quedo claro que, con una organización eficaz que fuera acatada por todos los Brujah, el clan sería imparable. Algo así como lo que ocurrió en California hace poco. El caso es que esa organización no existe: los Antiguos no quieren o no pueden liderar a los jóvenes, que no aceptan o no necesitan la guía de los Antiguos. El clan es un grupo de individuos aislados, sin una meta común. Sólo un gran peligro, una amenaza externa o la promesa de una buena bronca pueden unir a los Brujah, si no, seguimos nuestros caminos sin llegar a ninguna parte.

    Entre los anarquistas, los más jóvenes, que predican que "hay que destruir lo viejo para edificar lo nuevo y destruir lo nuevo para preservar lo viejo", y los ancianos del clan, que se limitan a soñar con pasadas glorias y ejercitarse con sueños mentales mientras el clan no va a ninguna parte, estamos los que somos (me incluyo) llamados "idealistas", aquellos que intentamos conciliar las dos posturas con el convencimiento de que si todos los Brujah trabajásemos juntos en un único propósito podríamos levantar de nuevo el "sueño de la segunda ciudad". Eso fue, mas o menos, lo que querría decir con mi canción "Cartago on my Mind", casi lo primero que compuse en m nueva naturaleza, pero parece que a Lodin o a algún otro se le atravesó alguna nota. Se habló de rotura de Mascarada y otras zarandajas, incluso me dijeron que Lodin estuvo pensando si convocar una caza de sangre, pero el caso es que mi canción gustó a mis colegas y, durante un par de días, fui un nexo de unión para mi gente. Si Lodin me hubiese atacado entonces, los Brujah tendrían lo que siempre han estado buscando: una excusa para rebelarse contra la autoridad establecida y poner la cabeza de un príncipe en una estaca. Así lo vio Critias, y así lo vio Lodin. La idea de la caza pasó, y ya casi nadie se acuerda de la canción, aunque a veces, algún Brujah la tararea para cabrear a un Ventrue, como una forma de decir: "no lo hemos olvidado aún, tío..."

    Pasó el tiempo e, inesperadamente, María volvió a Chicago. Me buscó y me encontró, pero antes otros la encontraron a ella. Se había enterado de lo de la cancioncita y supongo que reconoció la foto de la portada del disco. El caso es que supo que aún estaba vivo y volvió por mí, y fue algo como: - "recoge tus cosas, te vienes conmigo a California". El caso es que dije que no a mami, y mami se enfado; cosas como "si te he creado también puedo destruirte" y tal. El caso es que sacó las garras y vino hacia mí, así que di un silbido y mis amigos salieron de su escondite. Mami fue metida en una caja herméticamente cerrada en un tren con destino a California, que tardaría unos días en llegar.

    Me parece que mi nena no me quiere ya. En el año escaso que ha pasado desde mi primer encuentro con María, nada a destacar, excepto que conocí a un tal Juggler en una reunión de Anarcas, y le acompañé a Gary. Conocí a su "Príncipe" Modius, y me pareció un paranoico peligroso, aunque he oído que las cosas han cambiado. Que más da, su guerra con Lodin no es mi problema (al menos no lo es aún), aunque quien sabe, quizá Juggler intentara movilizar a los Anarcas (la mayoría son Brujah) como fuerza de choque a favor de Modius en el caso que la enemistad entre los dos príncipes pase a mayores. A mí me da que igual nos da Lodin o Modius, o cualquier otro megalómano de su ralea.

    Las noches pasan, bastante monótonas. Ahora entiendo porque los vampiros inventaron las leyes, la Jihad y toda la parafernalia: es un Juego, un juego eterno y complicado para jugadores eternos y complicados. Este es el gran secreto que define nuestra existencia inmortal: nuestra eternidad es aburrida, ya que ni siquiera tenemos el estímulo de ganarnos la vida, porque hay sangre en todas partes y nuestros poderes nos la garantizan, así como aseguran nuestra supervivencia en un mundo poblado por criaturas más débiles. ¿Cuál es la amenaza que podemos temer? Pues otro vampiro o una criatura similar (y conste que por lo que he oído, algunos cazavampiros parecen criaturas de otro mundo). Este es el juego; los Antiguos, los que más han vivido y más se aburren, se cazan los unos a otros en una partida de ajedrez con innumerables bandos y alianzas, para evitar su inmortal desidia. La caza, y el peligro de ser cazados, es lo que les mantiene vivos.

    Los que ya no juegan a esto, según he oído, buscan otros caminos. He oído habla mucho de la Golconda, que parece sacado de una película de Kung-Fu. Como lo demás, lo creeré cuando lo vea.

    Mientras tanto, busco un nuevo grupo con el que tocar; no tuve mucha suerte con el último, y mi etapa de solista casi provocó mi linchamiento.